274. Deja a los niños ser niños

Este artículo es sólo una reflexión que quiero compartir con vosotros, únicamente compartir mi punto de vista. No intento llevar la razón ni querer imponer estas idea (no sé si son las buenas), simplemente que miremos un poco cómo más allá y nos demos cuenta de que lo que muchas veces decimos a nuestros hijos, lo hacemos por defecto. Y quizá, quién sabe, llegar a aprender de ellos.

Voy a analizar algunas de las frases tipo que puedes escuchar en cualquier parque:

No corras

Imagínate un niño de unos 6 años que pasa casi todo del día metido en casa viendo la tele y jugando con la tablet. Que lo único que corretea es en la hora del recreo del cole. De ahí que incluso se le note cierta torpeza a la hora de moverse (con 6 años y ya está empezando a oxidarse).

Un día al salir de clase, llega al parque y sale corriendo. Pues en cuanto echa a correr su madre le grita desde atrás: «¡No corras!»

Hago el apunte de que es una zona peatonal y no hay ningún peligro. Pero, ¿por qué no va a correr el crío? ¿qué problema hay? Si a tu hijo le nace echar a correr, ¿por qué le intentas matar ese impulso natural y espontáneo, de los pocos que le van quedando y que no le hace daño a nadie? No lo entiendo…

No corras, que sudas

La versión más casposa de esta frase, la que se lleva la palma, es la que tiene esta coletilla: «- ¡No corras, que sudas!»

Por fin encontramos el motivo. No corras, no sea que tu cuerpo transpire, haciendo una función natural y luego tu ropa cara de niño de foto de revista huela a sudor… En fin…

Te vas a caer

Quizá la primera razón por la que aprender a hacer un uso responsable de esta frase, sea que en el 99% de las veces un niño hace oídos sordos cuando le decimos aquello de «Te vas a caer». Así si sólo la decimos cuando hay un peligro serio quizá nos haga algo de caso.

Hay veces que un niño intenta ponerse a prueba realizando algo difícil para él, por ejemplo, intentando ir por un bordillo en el que te tiene que hacer equilibrio o cosas similares.

El conseguir ese pequeño reto aumentará la autoestima del niño y se sentirá más confiado y seguro. Si no le dejamos exponerse a pequeños peligros, desde mi punto de vista, le estamos cortando su capacidad de desarrollar su confianza.

Por otro lado, si se da un galletón, ya aprendido donde se encuentra el límite y sus consecuencias. Creo que a todos nos ha pasado, por mucho que te lo digan tienes que ser tú mismo el que se la dé 🙂

Con esto me refiero a situaciones en las que el riesgo esté controlado. Obviamente ningún padre quiere que su hijo sufra un accidente o se despeñe.

Ponte los zapatos

Tengo una noticia sobrecogedora: Si andas descalzo por casa, aunque sea invierno, es posible que no te constipes.

Que tú tengas mucho frío en los pies no significa que otras personas, tus hijos incluidos, también tengan frío.

Es buenísimo para la salud de nuestros pies el estar descalzos por casa. Y esto es más importante aún cuando los pies se están desarrollando. No sólo lo digo yo, mira esta frase del especialista en ortopedia pediátrica Lynn T. Staheli:

El zapato no debe influir en un pie normal salvo para protegerlo del frío y las lesiones

Podemos entrar a hablar del calzado minimalista para niños para el exterior, pero en nuestras casas creo que estamos a salvo de peligro y si los peques quieren ir descalzos, personalmente veo más perjuicios que beneficios al obligarles a calzarse.

Siéntate bien

«Siéntate bien«, le dice el padre con dolor de espalda a su hijo pequeño. Quizá debería aprender de él y mejoraría su espalda…

Sabemos que pasar mucho tiempo sentado con la misma postura tiene efectos negativos. Por naturaleza no deberíamos estar incómodos mucho rato sentados en una silla en la misma postura. De hecho, evolutivamente estamos más preparados para sentarnos en el suelo, donde conseguimos mayor flexión de cadera y la incomodidad que nos provoca hace que vayamos cambiando de postura cada cierto tiempo.

Mis hijas son capaces de estar de rodillas en la silla, con las piernas cruzadas, etc, etc, etc. Si tuviéramos que sacar un protocolo de movilidad para estar sentado en una silla, con fijarnos en nuestros hijos lo tendríamos hecho.

Por otro lado, es cierto que vivimos en una sociedad que educa y premia que seamos capaces de estar sentados mucho rato. No hay más que mirar el modo de enseñanza del cole, donde los peques se tienen que pasar toda la mañana (y algunos parte de la tarde) sentados, como decía José Luis Sampedro: «Nos educan para ser obreros

Reflexión final

¿Por qué no nos paramos un minuto y pensamos por qué les decimos eso? Repetimos muchas cosas en modo piloto automático. Replicamos la forma en que hemos sido educados.

Esto sólo han sido unos ejemplos, de los que puedes estar en desacuerdo, no veo tan importante el si se ponen las zapatillas o cómo se sientan, como el darnos cuenta del por qué hacemos las cosas, de por qué se las decimos.

Simplemente te invito a darle una vuelta a lo que muchas veces dices a tus hijos.

Quizá esto suena un poco raro o cursi, pero cada vez aprendo más mirando a mis hijas y a niños pequeños. Ellos aún no han sido del todo condicionados por nuestro estilo de vida.

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