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El Estudio de Kitava

altCuando oímos hablar de la dieta paleo o paleolítica en la tele o en revistas de mucha tirada parece una dieta de moda más o incluso la nueva dieta milagro. De hecho, normalmente es atacada por el exceso de proteínas que se supone hay que consumir en ella, ya que «se supone» que hay que comer carne principalmente.

En cambio, cuando empezamos a investigar un poco más nos damos cuenta que esto es muy diferente de la realidad. Detrás de esa fachada y esa mala fama que se le ha creado, hay mucha más evidencia científica que en la pirámide de alimentación que nos recomiendan nuestros gobiernos. De hecho, es como nos llevamos alimentando exclusivamente desde nuestros primeros descendientes hasta hace unos 10000 años. En esta fecha la introducción de la agricultura modificó nuestra forma de comer.

Simplificando mucho, para llevar una alimentación paleo tendríamos que eliminar de nuestra dieta cereales y productos lácteos. Digo simplificando mucho porque hay matices que dejaremos para otro artículo. Ni que decir tiene que bollos, azúcar refinado, alimentos procesados, etc no existían en el Paleolítico.

Una de las cosas por las que se ataca a la dieta paleo es la de consumir mucha proteína. No consumir trigo ni productos lácteos no significa tener que consumir mucha carne. También se dice que este tipo de dieta es low-carb. Esto sencillamente no es verdad. Se puede seguir perfectamente una dieta paleo con las recomendaciones oficiales en cuanto a distribución de macronutrientes se refiere. De hecho, en el caso que veremos ahora rondaba el 70%.

Todo este movimiento paleo nace de querer encontrar un porqué a las enfermedades de la civilización. ¿Que qué es esto? Pues principalmente enfermedades coronarias y diabetes. De hecho, con datos actualizados a mayo del año pasado, la primera causa de muerte en España fue por enfermedades del sistema circulatorio (Aquí tenéis el documento completo del INE).

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Estas enfermedades, protagonistas en nuestra sociedad y con pruebas de su existencia desde el antiguo Egipto,  (artículo: ¿Primer infarto documentado?) parece ser que no existían en el Paleolítico y la hipótesis con mayor peso es que están provocadas por nuestra alimentación. Uno de los estudios más importantes en este sentido es el Estudio de Kitava.

¿Qué es el Estudio de Kitava?

A finales de los años 80 el Dr. Staffan Lindeberg y su equipo encontraron lo que parecía una de las últimas poblaciones del planeta con la alimentación que tenían nuestra especie en sus hábitat originales. Esta población se encontraba en la Isla de Kitava, una de las Islas Trobiand, en el archipiélago de Papúa Nueva Guinea.


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Antropólogos y demás científicos ya habían estudiado a los habitantes de Kitava, pero había muy pocos informes médicos. Así que se dedicaron a hacer un completo estudio médico a sus habitantes.

¿Qué encontraron?

Pues primero te voy a decir lo que no encontraron. No encontraron ningún caso de muerte súbita cardiaca (lo que podría ser un infarto), ni dolor en el pecho relacionado con el esfuerzo (lo que podría ser una angina de pecho) entre los 2.300 habitantes de la isla, el 6% de los cuales tenían entre 60 y 95 años. Tampoco lo encontraron en los otros 23.000 habitantes de las islas Triobiand. A pesar del número de personas mayores no encontraron a nadie con signos de demencia o problemas de memoria. Es interesante que esta gente no moría por «enfermedades de la civilización».

Pero de algo tendrían que morirse…

Los únicos casos de muerte repentina fueron por accidentes como ahogamientos o caídas de cocos. También había fallecimientos por homicidio en conflictos relacionados con tierras o asuntos de pareja.

Las principales causas de muerte en Kitava eran por infecciones (sobre todo malaria), accidentes, complicaciones durante el embarazo y por vejez. Esto concuerda con lo encontrado en poblaciones similares.

La mortalidad infantil era relativamente alta debido a la malaria y otras infecciones. Por esto, la esperanza de vida AL NACER rondaba los 45 años. En cambio, la esperanza de vida a los 45 años, aunque más difícil de determinar con exactitud, podría ser similar a las cifras que encontramos en Suecia. Esto es un detalle muy importante ya que cuando se ataca a este tipo de dieta diciendo que la gente moría a los 30 años sólo se fijan en la esperanza de vida al nacer y se sacan conclusiones equivocadas. La esperanza de vida una vez alcanzada la edad adulta parece que era similar a la que se podía disfrutar hoy en día en aquel momento en países occidentales.

La muestra de población que fue sometida a un electrocardiograma fue demasiado pequeña (171) como para sacar conclusiones claras. Pero combinados con los de dos estudios similares con poblaciones tradicionales en la zona corroboran la falta de enfermedad isquémica del corazón en ese área.

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La persona de mayor edad durante el estudio fue una mujer de 96 años. Durante una visita anterior a la isla un hombre de 100 años con mucha vitalidad también fue entrevistado. Los más ancianos de Kitava generalmente permanecen muy activos hasta muy al final de su vida, cuando empiezan a sufrir fatiga durante unos pocos días y entonces mueren de lo que parece ser una infección o algún tipo de rápida degeneración. Aunque esto también se ve en nuestra sociedad, es relativamente raro encontrar esa vitalidad en personas de edad avanzada. La calidad de vida entre los habitantes más mayores de las islas Trobiand parece ser buena.

El principal resultado del estudio de Kitava, de que no hay enfermedad isquémica del corazón ni infarto, fue confirmado por unanimidad por expertos médicos con conocimiento de las Islas Trobiand u otras partes de la Melanesia. Por ejemplo, el doctor Jüptner no encontró ningún caso de angina de pecho, infarto de miocardio o muerte súbita durante sus 5 años como médico en las islas a principio de los años 60, cuando la población rondaba los 12.000 habitantes. Esto mismo fue observado por diferentes médicos que trabajaron en la zona.

¿Qué comían en la Isla de Kitava?

Los habitantes de Kitava consumían exclusivamente:

  • Tubérculos: ñame, batata, taro y tapioca.
  • Fruta: coco, plátano, papaya, piña, mango, guayaba, sandía y calabaza.
  • Verduras.
  • Pescado.

Menos del 0,2% de la ingesta calórica procedía de comida «moderna» como grasas comestibles, productos lácteos, azúcar, cereales y alcohol. Para haceros una idea en Suecia este porcentaje asciende al 75%.

La ingesta de vitaminas, minerales y fibra era muy alta, mientras que el consumo de sal era bajo, en torno al 20%, al igual que el consumo de sal (40-50mmol Na/10 MJ frente a los 100-250 en Suecia).

El coco, aunque sea una fruta, tiene una alto contenido en grasas saturadas. Debido a esto el consumo de grasas saturadas es muy similar al encontrado en Suecia. Sin embargo, el tipo de ácido graso saturado es diferente: láurico en Kitava, palmítico en Suecia.

No se encontraron evidencias de malnutrición ni hambruna.

Conclusiones

En la población de esta isla no existen ataques al corazón, ni diabetes, ni sobrepeso y tienen una presión arterial excelente. Ni rastro de las enfermedades de la civilización. Curiosamente tampoco encontraron a nadie con acné.

Muchos factores entran en juego a la hora de desarrollar este tipo de enfermedades, entre otros el ejercicio físico, antecedentes, etc. pero viendo el estudio de Kitava parece ser que el tipo de alimentación tiene mucho peso en la ecuación.

Gran parte de este artículo está sacado en la web del estudio de Kitava (en inglés) donde podréis ampliar información.

Espero que el artículo os haya gustado o al menos que os haga pensar un poco sobre el tema. En cualquier caso agradeceré si lo compartís en las redes sociales o si dejáis algún comentario.