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170 ¿Son galgos o podencos? (low-carb, low-fat, colesterol…)

Por entre unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.
De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente,
amigo, ¿qué es esto?»
«¿Qué ha de ser?», responde;
«sin aliento llego…;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».
«Sí», replica el otro,
«por allí los veo,
pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos.»
«¿Qué? ¿podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo.»
«Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.»
«Son galgos, te digo.»
«Digo que podencos.»
En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.
Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.

Los que investigamos en el farragoso mundo de la alimentación nos encontramos con información, proveniente de estudios científicos, que contradice frontalmente recomendaciones oficiales/creencias populares en este ámbito. Una vez que alguien consigue derribar un mito argumentado con bibliografía científica, parece que todos tenemos que subirnos al carro ciegamente.

Si sigues este proyecto desde hace tiempo sabrás que intento ser muy escéptico en cuanto a todo lo que leo y que os animo a vosotros a hacer lo mismo (empezando por lo que leéis en esta web). Hoy vamos a ver un claro ejemplo de que no todo está tan claro una vez que derribamos un mito. El tema van a ser unas viejas conocidas: las grasas animales, lo que viene siendo mayoritariamente, salvo en el caso del coco, la grasa saturada. Vamos a por ello.

El Estudio de los Siete Países

A todos los que os hayáis profundizado en el tema de la alimentación, sobre todo los paleo y low-carb habréis escuchado la historia del malvado Ancel Keys (sí, yo también la he contado), que teniendo los datos de 22 países escogió sólo los 7 que le interesaban, lo que en términos científicos se denomina «escoger cerezas» (cherry picking) para confirmar su hipótesis de que la grasa saturada provocaba enfermedad cardiovascular.

Bueno, pues aunque Ancel no hubiera sido tan malvado y no hubiera elegido sus 7 países de entre los 22, aún así encontramos correlación entre grasa y enfermedad cardiovascular. Pero la cosa no queda ahí, hay otro componente de la dieta que correlaciona más aún que la grasa animal con la enfermedad cardiovascular: la proteína animal.

¡Ahí es nada! Antes de que os hagáis todos veganos deberíais leer todo el artículo, os recuerdo aquella frase de correlación no implica causalidad, algo que vamos a ver de hoy de forma clara. Empecemos por el principio.

¿De dónde vienen los datos?

El famoso Estudio de los Siete Países: recopila datos de 1.958 a 1.970, año de su publicación. Pero en casi cualquier parte que veáis una gráfica diciendo lo malo que era Keys escogiendo sólo los países que le interesaban, veréis esta:

Es del año 1.953 cuando Keys publicó este paper en el que relaciona el consumo de grasas con la enfermedad cardiovascular, cinco años antes de que comenzara el estudio de los 7 países, que dicho sea de paso, en la gráfica sólo aparecen 6.

Ya, bueno, pero al final viene a ser lo mismo…

Cierto. Al final lo que muestra es una correlación clara entre consumo de grasa y muerte por enfermedad coronaria. ¿Y qué pasa cuando analizamos todos los datos disponibles?

Los datos de los 22 países

Este es el punto de la polémica. Keys escogió sólo 6 países de los datos que tenía la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación) en cuanto a alimentos disponibles. Pero realmente teníamos datos de 22 países. Aquí están:

Este gráfico es de este otro paper científico genial que a modo de contestación genial a la hipótesis de relacionaba la grasa y la enfermedad cardiovascular y sobre todo, a los estudios observacionales.

Viendo este otro gráfico parece que se desmonta la hipótesis de Keys, pero no es así. Sigue existiendo correlación entre muerte por enfermedad cardiovascular y consumo de grasas observando los datos de los 22 países. Aunque en la gráfica de Keys «se exagera mucho la importancia de la asociación«, el gráfico completo muestra que hay una asociación estadísticamente significativa (r-value of 0.59 (p < 0.02)) entre ambas variables. Esto significa que la asociación puede no deberse al azar.

Vamos a ver los datos con más detalle:

Muerte por aterosclerosis y enfermedad cardiovascular degenerativa

Cuando hablo de muerte por enfermedad cardiovascular estoy siendo muy ambiguo. Por aclarar las cosas, me estoy refiriendo a muerte por enfermedad cardiovascular debido a la aterosclerosis, lo que normalmente vienen siendo infartos. En los datos que estamos comentando tiene la categoría de «B-26» y se refiere técnicamente a «Aterosclerosis y enfermedad cardiovascular degenerativa.

Los valores de más de 0,43 o de menos de -0,43 muestran una asociación significativa. En resumen, se asocia con muerte por esta enfermedad (por orden):

  • Calorías totales
  • Consumo de proteína animal
  • Consumo de grasa animal

Y se asocia negativamente, es decir, en cierta manera nos protege de ella (por orden):

  • Consumo de proteína vegetal
  • Consumo de carbohidratos
  • Consumo de grasa vegetal

En la gráfica podéis ver que se asocia positivamente la grasa total, pero como la grasa vegetal tiene una asociación negativa he puesto directamente la animal (por no liar más la madeja).

En resumen, comer más alimentos animales nos predispone para muerte por enfermedad cardiovascular. Entonces, ¿Keys no estaba equivocado? Espera, que esto continúa…

Muerte por enfermedad cardiovascular (general)

Pero Yerushalmy e Hilleboe (los del paper contestando a Keys) se dieron cuenta de que los países con menos muerte del apartado anterior, tenían muchas más muertes en «otras muertes por enfermedad del corazón» (B-27)…

La explicación más lógica que ellos dan es que estos países (Chile, Méjico y Francia) «metieron» en la categoría general de enfermedad cardíaca a las muertes por aterosclerosis, debido a que en aquellos países aún no estaba bien categorizado el asunto. En este paper de la OMS, cuenta que en los países con menos medios técnicos es más complicado el tema de la precisión a la hora de categorizar este tipo de sucesos, de hecho cita a Francia como ejemplo. El caso de Japón lo achaca a «prácticas médicas locales.»

Los autores recomiendan juntar ambas categorías (B-26 + B-27) para hacernos una idea más realista del asunto. De esta forma, todas las asociaciones se hacen más débiles, cayendo la grasa animal como porcentaje hasta no ser estadísticamente significativa. Pero si juntamos todas las categorías de este grupo, aunque las asociaciones se hacen más débiles, no hay «vuelco» en la tendencia.

Muerte por cualquier causa no cardíaca

Estos datos están muy bien, pero si comer de una manera me va a hacer que me muera (incluso antes) por otra enfermedad de poco me va a valer. Vamos a ver ahora lo que pasa con el resto…

Se asocia con muerte en esta categoría (por orden):

  • Consumo de carbohidratos
  • Consumo de proteína vegetal

Y se asocia negativamente, es decir, en cierta manera nos protege de ella (por orden):

  • Consumo de grasa animal
  • Calorías totales
  • Consumo de proteína animal

En este caso la tendencia se invierte por completo… Veamos qué pasa si juntamos todas las categorías.

Muerte por cualquier causa

En este caso (ver primera columna de la imagen anterior) ningún macronutriente tiene asociación significativa. Así de sencillo.

¿Por qué hay países con más enfermedad cardiovascular que otros?

La explicación que dan Yerushalmy e Hilleboe es que está relacionado el consumo de alimentos animales disponibles en un país con el grado de desarrollo que tiene y por tanto indirectamente, con la capacidad técnica de diagnóstico de diferentes enfermedades, por lo que muertes por enfermedad cardíaca es fácil que hayan caído en otra categoría.

Otra más

Quizá el dato más importante sea de dónde provienen los datos. Los consumos de los diferentes macronutrientes vienen de la FAO a partir de estadísticas de producción, importación, exportación y de la proporción disponible de ellas para consumo humano, por lo que tiene grandísimas limitaciones. No es el alimento consumido, sino el teóricamente disponible en todo un país. Además los países que más comida tienen disponible, normalmente «tirarán» más comida, con lo que el tema de calorías totales quedan aún más ambiguo.

(Gran cantidad de datos que se recogen aquí los encontré en este genial y muy largo artículo sobre el tema)

Resumen

  • A pesar de que Ancel Keys escogió sólo 6 países de los 22 disponibles, analizando todos los datos seguía existiendo correlación entre consumo de grasas y enfermedad cardiovascular degenerativa (aterosclerosis).
  • Había una correlación más fuerte entre proteína animal y muerte por esta enfermedad.
  • Al analizar las muertes por sucesos no cardíacos encontramos la grasa y la proteína animal como factores protectores.
  • Al analizar los datos de muertes por cualquier causa no encontramos diferencias estadísticamente significativas.

Mi conclusión

No te creas nada de lo leas aquí ni por ahí, ni siquiera en estudios científicos (sobre todo los observacionales). CORRELACIÓN NO IMPLICA CAUSALIDAD: Lo más probable es que estos datos se deban al tipo de diagnóstico de las muertes que hizo cada país determinado por su grado de desarrollo técnico y médico.

¿Merece la pena darle tantas vueltas a esto de la alimentación? ¿De discutir si son galgos o podencos? Cada vez estoy más convencido de que no. Come comida.