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200. Sé proactivo

No conozco ningún hecho más alentador

que la incuestionable capacidad del hombre

para dignificar su vida por medio del esfuerzo consciente.

Henry David Thoreau

Si crees que estás destinado a ser como eres por diferentes causas ajenas a tí, creo que estás eludiendo tu responsabilidad contigo mismo y con los demás. No trato echarte la bronca ni que te sientas culpable, simplemente hacerte consciente de que puede no ser verdad que estés condenado a ser como eres, que puedes cambiar ciertas aspectos de tí que no te gustan. (Si te encanta como eres y no quieres cambiar nada seguramente no merece la pena que sigas leyendo).

El determinismo: echar las culpas a otros

El determinismo genérico echa la culpa a tus abuelos, al ADN. Mi abuelo tenía mala leche y por eso yo tengo mala leche.

El determinismo psíquico dice que la culpa es de los padres. Cómo tus padres te educaron, tus experiencias infantiles establecieron cómo te comportas ahora y cómo es tu carácter

El determinismo ambiental dice que la culpa es de tu jefe o de tu pareja o de la crisis económica o del gobierno. Alguien de tu ambiente es el responsable de tu situación.

El paradigma determinista proviene principalmente del estudio de animales  y de personas con problemas mentales.

Pero no se trata de echar culpas, sino de asumir responsabilidades

Decía Epicteto:

Acusar a los otros por nuestros fracasos es de ignorantes;

no acusar más que así mismo es de hombres que comienzan a instruirse;

y no acusar ni a sí mismo ni a los otros,

es de un hombre ya instruido.

Todos estas formas de echar la culpa a otros están basados en la teoría del estímulo respuesta de los experimentos de Pavlov. La idea básica es que estamos condicionados para responder de un modo particular a un estímulo concreto. Es el modo reactivo: estímulo>>respuesta.

El ejemplo del hombre más proactivo del mundo

Víctor Frankl, un psiquiatra judío encerrado en un campo de concentración nazi, que perdió allí a sus padres, su hermano y su mujer y que fue torturado y sometido a innumerables humillaciones, sin saber si ese mismo día lo llevarían o no a la cámara de gas.

Un día, desnudo y sólo en una pequeña habitación, empezó a tomar conciencia de lo que denominó «la libertad última», esa libertad que sus captores no podían quitarle. Ellos podían controlar todo su ambiente, hacer lo que quisieran con su cuerpo, pero Víctor era un ser autoconsciente capaz de ver como observador su propia participación en los hechos. Su identidad básica estaba intacta. En su interior él podía decidir de qué modo podía afectarle todo aquello.

Frankl usó el privilegio humano de la autoconciencia para descubrir un principio fundamental de la naturaleza del hombre: entre el estímulo y la respuesta, el ser humano tiene la libertad interior de elegir.

Ni siquiera los animales más inteligentes tienen esos recursos. Están programados por el instinto o la formación, o por ambos. Se les puede formar para que sean responsables pero no pueden asumir la responsabilidad de esa formación, no pueden dirigirlo, no pueden cambiar esa programación. Ni siquiera tienen conciencia de ella.

Por supuesto, nosotros tenemos nuestra parte animal. Podemos vivir como animales, sobre la base de nuestros instintos, condicionamientos y condiciones, siguiendo los dictados de nuestra educación aunque no nos gusten, pero nos estaremos limitando.

Pasar de ser reactivo a proactivo

Entre el estímulo y la respuesta está nuestra mayor fuerza: la libertad interior de elegir.

Si nos vamos a un ejemplo extremo, como es el caso de Víctor Frankl, cualquier cosa de nuestra vida cotidiana, por grande que sea y por mucho esfuerzo que conlleve, nos va a parecer, en el mejor de los casos, algo mediocre.

Esto hará que nos desanimemos y pensemos que somos unos débiles y que esto no va con nosotros. Pero es ser proactivo es algo que se entrena y que podemos (y debemos) empezar con pequeñas cosas. Vamos a ver los dos pasos que tenemos que seguir y para verlo de forma más clara, lo voy a acompañar de un ejemplo sencillo:

Primer paso para ser proactivo: ser consciente

Para poder asumir la responsabilidad de ser más proactivos, primero tenemos que ser conscientes de cuándo somos reactivos. Somos el único animal capaz de ser consciente de nuestra propia reactividad.

Por ejemplo, si eres de los que va con el coche y cuando te hacen una pequeña pirula te pones a pitar y a gritar como un loco, estás siendo reactivo. Cada vez que eso pase, tú reaccionarás poniéndote como un energúmeno y aumentando el peligro de tener un accidente o una pelea por una estupidez. Simplemente ser consciente de esto, hará que la próxima vez lo veas desde otra perspectiva.

Poniendo un ejemplo más sencillo. Yo tenía una especie de tic que era que cada vez que me aburría miraba cuántos «me gusta» nuevos tenía en Facebook o en Twitter. Era mi reacción al aburrimiento. Después me pasó consultando el correo cada dos por tres.

Segundo paso para ser proactivo: cambiar la reacción mala por una buena

Una vez que somos consciente de nuestra reactividad ante determinadas situaciones y queremos cambiarlo, es hora de ponerse manos a la obra.

En el caso del tráfico, podemos recordarnos cada vez que nos subamos al coche que lo que queremos es ir del punto A al B tranquilos y con seguridad. Y que es probable que nos hagan alguna pirula, a la que reaccionaremos de forma tranquila y no poniéndonos en riesgo ni a nosotros, ni al resto de vehículos. Ya sé que esto suena muy idílico, se trata de poner intención. Habrá días buenos y días menos buenos, pero al menos lo habrás intentado 🙂

Otra opción más drástica sería cambiar la forma de ir al trabajo por transporte público o bicicleta. Claro, siempre que sea posible.

Volviendo al ejemplo de consultar el móvil cada dos por tres. Ya sabéis que dejé las redes sociales hace tiempo. Pero cambié ese hábito por mirar el correo. Así que lo que hice, no fui quitarme el correo electrónico, porque es algo necesario para atender este proyecto, pero me desinstalé la aplicación del móvil de Gmail. Esto me funcionaba un par de días, pero volvía a instalarla y así una y otra vez.

Cuando realmente me ha funcionado ha sido cuando he cambiado un hábito por otro: cambiar el móvil por un libro. Cuando después de comer tengo un rato libre, ya no me lanzo a por el móvil, tengo el e-book preparado para seguir leyendo la novela sobre los espartanos que estoy leyendo estos días. Es más, con la aplicación de Kindle para el móvil, cuando me da por echar mano al teléfono en ratos muertos a lo largo del día, me pongo a leer unos minutos la novela.

Lo ideal sería cortar de raíz, pero cuesta muchísimo, nuestro cerebro está acostumbrado para esa recompensa fácil que provoca ver un «me gusta» o un correo interesante. Pero si le damos es otra recompensa que va más en la linea de lo que queremos, habremos dado un paso firme en la buena dirección y seremos un poco menos reactivos y más proactivos.

Sé responsable para ser feliz.


Os dejo libros de los que he sacado información o he citado en episodio:

Walden, de Henry David Thoreu

Los 7 hábitos, de Stephen R. Covey (Hay incluso algún pequeño fragmento suyo en el artículo)

El hombre en busca de sentido, de Víctor Frankl

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