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147. El que falla, aprende. Toca rendir cuentas de los propósitos de Año Nuevo

El que falla, aprende

Hablar a finales de marzo de qué tal han ido los propósitos que nos propusimos cuando comenzó el año es algo que provocará sentimientos encontrados. Si hemos cumplido, estaremos orgullosos y, si no lo hemos hecho, nos sentiremos algo culpables. El objetivo de este artículo no es echar la bronca sino de aprender de nuestros fallos para intentarlo de nuevo y no volver a fallar.

Cuando los bomberos hacemos un simulacro en un colegio, a niños y profesores se lo ponemos difícil y con trampas precisamente para que fallen. Cuando acaba la práctica se dan cuenta de su error y de las consecuencias que hubiera tenido si el incendio hubiera sido real… Ya no se les va a olvidar cerrar una puerta en determinada situación o no salir al pasillo si hay humo. Como dice un buen amigo: El que falla, aprende. Y es cierto, han fallado, pero han aprendido y ese era nuestro objetivo (y el suyo).

Hoy vamos a aprender de los pequeños errores, si os ha habido, y como toca rendir cuentas seré el primero que lo haga.

Casi he cumplido mis propósitos

Esto de cumplir o no cumplir el propósito como tal puede ser algo ambiguo. Los míos eran andar 10.000 pasos al día y meditar a diario. Si soy muy muy estricto tengo que decir que no los he cumplido como tal, pero sí que he adquirido el hábito que me había propuesto, es decir, he llevado a cabo las acciones para hacer posible que ese objetivo se cumpla.

Los 10.000 pasos

He conseguido andar al menos 70.000 pasos a la semana. Sí, lo sé, ha habido días que no he podido andar 10.000 pasos. Pongo en cursiva lo de podido porque realmente sí me puedo poner a dar vueltas a la casa de noche mientras llueve antes de meterme en la cama, pero he preferido compensarlo andando otros días 20.000 pasos y disfrutar de un largo paseo.

Podéis ver una semana habitual. Más de 70.000 pasos pero días que no llego a los 10.000. El miércoles se me olvidó la pulsera en casa 🙂

Aunque suene a excusa, evolutivamente tiene más sentido andar algunos días 30.000 pasos (unos 22km) y otros no andar casi nada, que caminar los 10.000 de forma rígida todos los días.

Independientemente de si es más o menos evolutivo, creo que hay que tener cierta flexibilidad para poder adaptar estas cosas. Hay días que por diferentes motivos (trabajo, tienes que viajar, hace un día de perros y estás cuidando de los peques, etc) no puedes cumplir con el gustazo de caminar una hora y pico, pero habrá otros en los que sí tienes más tiempo para compensar. Esa ha sido mi manera de encajar bien ese hábito dentro de mi rutina.

Meditar

¿Qué es meditar? ¡Vaya preguntita! ¿Es no pensar en nada? ¿Es pensar en tus cosas? ¿Es ese momento cuando vas corriendo en el que no piensas en nada? ¿Cuando vas caminando en silencio por un bosque? Bueno, aún no lo sé… Cuando me propuse el hábito era estar sentado sólo dos minutos concentrándome únicamente en la respiración. Pues no he sido capaz de concentrarme en eso ni la mitad de los días, pero yo me he quedado ahí sentado día tras día.

Es cierto que al principio un día a la semana solía fallar, pero ahora es muy raro que falle a estar sentado un rato conmigo mismo. Ya voy por los cinco minutos y realmente no me esfuerzo por pensar en nada, imagino que ya llegará… Y le estoy cogiendo el gusto.

Como veis casi casi he cumplido, pero estoy satisfecho porque lo que en gran medida depende de mí está cumplido. Si no has terminado de afianzar algún hábito propuesto, o lo has dejado a las dos semanas, vamos a ver cómo podemos reconducir la situación.

¿Y si he fallado?

Como dije al principio, no se trata de señalar con el dedo ni de echar culpas, sino de aprender. Vamos a ver unos sencillos puntos en los que apoyarnos:

1. ¿En qué has fallado?

¿Ha sido por pereza? ¿falta de tiempo? ¿objetivo muy ambicioso? ¿falta de organización? Antes de intentar cumplir con nuestro objetivo no teníamos esta información y ahora puede ser clave para conseguir cumplirlo, ya que podemos centrarnos en los puntos débiles. Ya sabes, el que falla, aprende.

Una vez que sabemos nuestro talón de Aquiles continuemos.

2. Repasa tus prioridades

¿Por qué quieres adquirir ese hábito o cumplir ese propósito? ¿Por salud? ¿Por verte mejor? ¿Por sentirte mejor? Si es algo relacionado con el ejercicio estas tres suelen ir de la mano. Esto ayudará a motivarte.

3. Materializa esas prioridades en el propósito

Para hacer realidad esa prioridad, o al menos para que por tu parte hagas lo posible en la buena dirección, debes tomar acción. Ahora deberíamos replantearnos el propósito y retocarlo si en el primer paso nos hemos dado cuenta de que era demasiado ambicioso.

4. Que el objetivo sea la acción

Mejor que tu propósito sea la acción por tu parte para cumplir con tus prioridades. Mejor que nuestro objetivo sea correr 3 días a la semana que correr 5 km dentro de 3 meses. Si hacemos lo que tenemos que hacer, los 5 km caerán por su propio peso.

5. Disciplina, no motivación

Ahora quizá vuelvas a estar motivado, es el momento de dejarte las cosas claras y planificar, para que nos sea más fácil tener disciplina cuando la motivación se acabe, porque habrá días que no habrá motivación, pero si hay disciplina seguirás hacia delante. (Más sobre este punto en Estrategia para sacar tiempo).

Muchos pocos hacen un mucho

Al empezar no tenemos resultados, pero esto es una carrera de fondo. Imagina que quieres hacer un muro de ladrillo y que cada día sólo puedes poner uno. La primera semana sólo tendrás media fila. Al acabar la segunda, sólo tendrás acabada esa primera fila y parecerá un bordillo más que un muro. Pero, ¿qué altura tendrá dentro de 6 meses? ¿Y en dos años? Piensa en el largo plazo, ten disciplina.

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