153. Caza de persistencia: por qué funciona, ritmos, duración y si merece la pena (parte I)

Piensas lo duro que está trabajando el kudú, lo sientes en tu propio cuerpo. Lo ves en sus huellas, ella está contigo y las piernas ya no te pesan tanto. (Karoha, cazador bosquimano)

Hemos nacido para caminar y para correr. Somos los mejores atletas de fondo entre los mamíferos. Caminar de forma bípeda nos permite principalmente gastar menos energía y acumular menos calor. En el Paleolítico, y quizá aún hoy en día en algunos rincones del mundo, estas adaptaciones nos hicieron poder cazar grandes presas agotándolas a la carrera.

Imagen de caza de persistencia del documental The Great Dance

Si normalmente sales a correr por el monte y cuando se te cruza un corzo, se te ocurre la peregrina idea de que conseguirás agotarle si lo persigues, estás muy equivocado. Los humanos que eran, y son, capaces de agotar una presa a la carrera tenían unos conocimientos y lo hacían bajo unas condiciones determinadas para, en algunos casos, tener éxito. Vamos a ver la caza de persistencia en detalle.

Un poco de Prehistoria

Sabemos que aproximadamente hace unos 2,5 millones de años nuestros antepasados empezaron a consumir carne, primero carroñeando y después cazando por ellos mismos (fuente). Esto lo sabemos porque los arqueólogos encontraron marcas de piedra en los huesos de algún antepasado nuestro intentando apurar la pata de algún caballo o un antílope.

Hace más o menos medio millón de años aparecen las primeras puntas de lanza decentes de piedra (fuente). El arco y las flechas hace tan sólo 10.000 años. Esto nos da un rato de unos 2 millones de años en los que el arma más tecnológica era un palo afilado o una cachiporra. Abatir presas mucho más grandes que nosotros sólo con esta tecnología no era muy viable…

No sabemos a ciencia cierta qué métodos de caza se utilizaban, por ejemplo espantar una manada de caballos hacia un desfiladero y que con suerte alguno se despeñara. Uno de estos posibles métodos, desde luego el que más al límite pone la capacidad física humana y que a más corredores de fondo ha inspirado, es la caza de persistencia.

Esta hipótesis de arte de caza en el Paleolítico fue lanzada por Carrier en 1.984 habiendo recogido de varias fuentes este tipo de caza entre cazadores-recolectores (estudio) y observada in situ por Lieberman en el Kalahari años más tarde (estudio). Quizá sea mayor el mérito de Lieberman el haberla dado a conocer a través de su libro La historia del cuerpo humano.

La caza de persistencia de la que estamos hablando es correr detrás de un animal hasta la conseguir que éste desfallezca por agotamiento. Pero, ¿es posible agotar a un animal salvaje corriendo? ¿Bajo qué condiciones? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Merece la pena el gasto energético? ¡Vamos a verlo!

La clave está en la manera en que nos refrigeramos

Sabana africana. Son las dos de la tarde. 40º C a la sombra.

En estas condiciones extremas un humano puede correr durante más tiempo que un antílope. Si es uno de los grandes como un kudú mucho mejor. Y si es macho, mejor aún, porque lleva el peso extra de la cornamenta. Digo esto porque los mamíferos tienen una pérdida del calor lineal respecto a su peso, pero un aumento de calor exponencial respecto a él. Es decir, cuanto más grande sea la presa más se va a sobrecalentar. En este caso estamos hablando de 300 kg de animal.

¿Cómo nos refrigeramos los humanos?

Mediante la sudoración. Cuando sube nuestra temperatura, el gran número de glándulas sudoríparas (entre 5 y 10 millones) secretan principalmente agua. Cuando este sudor sobre la piel se va evaporando nos quita calor y nos refrigera. Esto qué parece de poca importancia no lo puede hacer tu perro…

Además si respiramos a través de la nariz somos capaces de huminidifar el aire seco que entra en nuestros pulmones y al expulsarlo recuperar esa humedad de nuevo (Más sobre estas adaptaciones y alguna más en Nacidos para correr).

¿Cómo se refrigera el resto de mamíferos?

Tu perro, el kudú y la inmensa mayoría de mamíferos tienen el cuerpo recubierto de pelo, esto también les da cierta protección al calor frente a la radiación solar, pero les impide poder refrigerarse de manera eficiente (también tienen glándulas sudoríparas, pero en muchísimo menor número que nosotros). Para refrigerarse necesitan jadear.

¿Por qué tu perro no sale a correr contigo en verano? La clave de la caza de persistencia

Los que tengáis razas activas de perros imagino que saldréis a correr con ellos. El que me suele acompañar corriendo como un loco el resto del año, en verano se queda sentado a los 100 metros de salir de casa… (No sabe ná).

Pero volvamos al kudú, él está adaptado a esas temperaturas y tiene que correr para salvar la vida. Ya hemos comentado que son menos eficientes en la disipación del calor y andando o incluso trotando acabarían por sobrecalentarse, pero la clave está en hacerles galopar,

– ¿Cómo?

Hago un pequeño inciso para volver a nuestra infancia, los cuadrúpedos tienen tres modos de desplazamiento: paso, trote y galope. Ahora piensa en tu perro cuando va tras de tí al trote jadeando. Si te pones a correr más rápido, en torno a 4 min/km, pasa del trote al galope. Al galope no puede jadear. Los cuadrúpedos no pueden hacer el movimiento de jadeo y galopar a la vez, por tanto o galopan o se refrigeran.

La caza de persistencia no se hace a un ritmo determinado ni uniforme, pero cuanto más rápido se persiga a la presa más se la sobrecalentará y más probabilidad de éxito tendremos.

Los datos de la caza de persistencia

¿Qué ritmo de carrera se llevaba en la caza de persistencia y cuánto duraban?

Conozco la existencia de 3 cazas de persistencia monitorizadas. Todas ellas por Lieberman. La velocidad media de la primera, grabada en 1.985, fue de 10km/h. Llevó 3 horas y 35 minutos y se recorrieron aproximandamente 35 km. Los 10 km/hora se traducen en ritmos de carrera de 6 minutos por kilómetro.

En 2001, se grabaron otras dos medidas por GPS. Una de ellas llevó 3 horas y 50 minutos cubriendo una distancia de 25,1 km a una media de 6,3 km/hora, es decir, a 9’30» el kilómetro. Esto es una velocidad media de ir caminando ligero. La otra llevó bastante más tiempo, casi 5 horas (4h57′) y se alargó hasta los 33km, con una media muy similar de 6,6 km/hora, que son 9′ 05″ el kilómetro.

Otra, en la que no se midió distancia, duró menos de dos horas.

Estas medias pueden parecer muy lentas, pero hay que tener en cuenta que estamos corriendo por el desierto: hace un calor extremo, hay dunas, zonas de matorral espeso y, sobre todo, estamos siguiendo el rastro de UN animal. Pongo UN con mayúsculas porque el mayor problema se encuentra cuando el animal que hemos elegido se esconde dentro de una manada. Si esto ocurre cuando el animal está ya cansado, los cazadores son capaces de leerlo en sus huellas, pero si aún no muestra signos de debilidad será más difícil saber cuál es la presa que hemos elegido entre las huellas del resto de animales. Otras veces el cazador no sigue las huellas directamente, sino que intenta ir en linea recta en la dirección que cree va el animal. Hay veces que el animal pasa varias veces por el mismo sitio y es difícil distinguir la segunda de la primera pasada… Son sólo algunos ejemplos de las dificultades de perseguir hasta el agotamiento durante horas sólo valiéndonos de sus huellas, y eso que estas gentes son auténticos expertos en ese arte.

Hay otra fuente que habla de la velocidad de este tipo de caza. Glaub en su estudio encontró que la velocidad obtenida de una caza de persistencia grabada fue de 8 km/h, pero en este caso se está basando en los datos de cuando Lee estudió a los ¡Kung San y estamos hablando de herir previamente al animal con una flecha envenenada. Con lo cual nos quedaríamos con los datos de Lieberman, y sobre todo con el hecho de que la duración y la velocidad de la caza dependían enormemente de las condiciones.

No sólo influye el calor: la economía de carrera

El calor, como ya hemos visto, acelera la hipertermia (sobrecalentamiento) de la presa. Pero al ser bípedos, somos mucho más eficientes que nuestras presas de cuatro patas. Cuando corremos almacenamos la energía del aterrizaje para impulsarnos como un muelle al despegar nuestro pie del suelo. Esta energía se almacena principalmente en el tendón de Aquiles (un 35%)  y en el arco plantar en torno al 17%. Eso sí, para ello no vale aterrizar de talón, lo más probable si llevas calzado amortiguado (más sobre esto en Diferencias de impacto y pisada entre correr descalzos y calzados)

Nuestra adaptación a correr largas distancias hace que sólo nos cueste correr de un 30 a un 50% más que caminar. Pero aún hay más el coste energético es independiente de la velocidad, es decir, nos da igual correr a 4 minutos el kilómetro que a 6 minutos. Cuesta las mismas calorías correr 8 km a 6’/km que hacerlo a 4’/km (estudio).  Es cierto que habría que ver el efecto EPOC y todo eso, pero ya estaríamos hablando a posteriori.

Claro está que hablamos de personas medianamente en forma, humanos en estado de libertad. Con estos datos, mientras no perdamos el rastro nos interesa ir a trote ligero.

Otro factor que juega a nuestro favor es que se cree que al hacer correr a un rumiante no le permite rumiar, es decir, masticar por segunda vez el alimento que vuelve de su «preestómago» de rumiante. Esto les provoca indigestión y los hace más lento, facilitando su caza.

«Descanso» entre series: el rastreo

Una vez que los cazadores encuentran un buen rastro pueden mantener un ritmo alto de carrera, pero si el rastro se vuelve difícil de seguir hay que dejar de correr, o incluso de caminar, para poder volver a seguirlo. La velocidad de carrera está determinada por la capacidad de seguir el rastro. Al principio es fácil seguir al animal una vez que huye, pero cuando lo perdemos de vista hay que leer sus huellas.

¿Merece la pena la caza de persistencia en cuanto a gasto de energía?

ROI (Energy returned on investment): Retorno de la inversión = Las gallinas comparadas con las que salen, es decir, cuántas calorías me cuesta cazar a la carrera un antílope y cuántas obtengo de él.

Perseguir un antílope por la sabana al mediodía no es lo más apetecible que se te puede ocurrir. En este estudio lo han analizado a fondo, con diferentes tamaños de kudú (un antílope que cazan por persistencia los !kung). Para no aburrir con demasiados detalles y datos me centraré en lo importante, pero decir que el señor Matthew Glaub (el autor del paper) hace un cálculo bastante fino, ajustando el peso medio y número de cazadores que intervienen, de los antílopes (incluyendo sólo la parte aprovechable), el gasto de los ritmos de carrera y la probabilidad de éxito (muy importante).

El resultado es que sí merece la pena y mucho, un kudú pequeño aporta una relación de gasto/inversión energética de 66 a 1 si sólo lo comieran los cazadores y de 6 a 1 al compartirlo con las familias (lo normal) con una media de una mujer y 3 hijos. Si nos fuéramos a uno grande la relación sería de 104 a 1 y de 10 a 1 respectivamente. Un kudú pequeño daría para alimentar a la familia del cazador durante 12 días con uno pequeño y 23 con uno grande si sólo comieran eso… Lo más normal es que repartan la presa entre todos los cazadores con lo que habría que dividir estos días entre 3.

El estudio de ROI me parece bastante relevante porque en la hipótesis de la caza de persistencia casi se oye solamente a Lieberman y Bramble, además aporta datos diferentes, con lo cual tenemos una visión más rica del asunto. Por ejemplo, Lieberman echa cuentas con una probabilidad de éxito del 80%, en cambio, este lo hace con un 50%.

Atentos al detalle

Después de leer el estudio de Glaub me parecía más razonable el argumento de tan sólo el 50% de posibilidades de éxito, pero el problema es que usa los datos de Lee recogidos en su libro The ¡Kung San. En él en ningún momento se hace referencia a la caza de persistencia agotando al animal corriendo, sino que se le sigue una vez que ha sido alcanzado con una flecha envenenada. Es más, si veían que ésta no había alcanzado a la presa o que tras varias horas de seguimiento no daba signos de debilidad dejaban de seguirla. Pero en ningún momento habla de perseguirla a la carrera, con lo cual no es el tipo de caza de persistencia de la que estamos hablando. Este éxito del 80%, o incluso más, se basa en que cuando se sale a practicar este tipo de caza, tenemos indicios de éxito, no se practica esta caza porque sí.

Hasta la fecha se ha observado la caza de persistencia entre los bosquimanos del Kalahari, los Paiutes, los Navajo, los aborígenes australianos y los Tarahumara (los mismos del famoso libro Nacidos para correr). En la segunda parte veremos de forma más práctica y menos técnica cómo es este noble arte de caza, cómo son esos indicios para poder salir a cazar con ciertas garantías de éxito y diferentes tipos de caza de persistencia que conocemos, incluida la que una que practicó mi abuelo 😉

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