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104. Nacidos para caminar… y para correr (parte I)

A lo largo de nuestra evolución desde que vivíamos en los árboles hasta nuestra especie actual, los Homo sapiens, hemos sufrido diferentes adaptaciones. El conjunto de esas adaptaciones que más importancia tuvo fue la que nos permitió desplazarnos largas distancias de manera eficiente, ya sea caminando o a la carrera, haciendo que pudiéramos incluir de forma habitual en nuestra dieta animales cazados por otros, aprovechando la carroña o incluso cazándolos nosotros mismos. Estas adaptaciones para caminar también nos sirvieron para correr. Pero hoy nos centraremos en las primeras.

Estos cambios en nuestro cuerpo, que supusieron un cambio totalmente clave en nuestra Historia evolutiva, hizo que podamos decir sin ningún género de dudas que los humanos nacimos para caminar. Vamos a repasar estas adaptaciones clave para así poder entender la importancia de ese ejercicio, esa actividad fuera del entrenamiento, que para nosotros es andar.

Adaptaciones para andar

Adaptaciones que nos permitieron caminar de manera eficiente largas distancias. También nos ayudaron a correr, pero hay algunas más específicas.

Mirando nuestra evolución, hay un gran salto evolutivo, sobre todo biomecánicamente hablando entre el Australopitecus y el Homo erectus. El Australopitecus fue el primer bípedo, el Homo erectus caminaba de forma eficiente.

Los primeros pasos bípedos de un homínido. Estos Australopitecus andaron hace unos 3,5 millones de años sobre cenizas volcánicas, llovió y después se cementaron perdurando hasta nuestros días.

Antes de continuar, y dejar a un lado tanto nombre técnico, me gustaría apuntar que el primer humano, la primera especie del género Homo, fue el H. Habilis, el primero en fabricar herramientas de piedra, algo intermedio entre ambos, pero nos centraremos en H. Erectus por encontrarse en él las evoluciones para andar desarrolladas forma completa. (Si quieres ampliar información sobre este tema echa un vistazo a 89. El viaje evolutivo del simio al Homo sapiens)

Más que centrarnos en que si cierta adaptación aparece en una especie u otra, lo importante de todo esto, es que llevamos caminando más de 3,5 millones de años, y haciéndolo de forma eficiente, más de dos. Vamos a ver esas diferencias que nos permitieron a andar más lejos y con menos gasto energético.

Piernas más largas

Nuestras piernas se alargaron entre un 10 y un 20%. A parte de eso, también pasaron a ser más robustas. Ese esfuerzo extra al que estaban sometidas hizo que aumentara el tamaño de los huesos y las articulaciones. Algo parecido, aunque en otro orden de magnitud, al aumento de densidad ósea que ocurre cuando saltamos a la comba.

Pies

Dedos del pie más pequeños y arco plantar. Aún no se ha encontrado ningún pie completo de H. erectus, pero se ha deducido a partir de unas huellas de pisadas fosilizadas, en plan estudio de pisada cavernícola  🙂

Además teníamos el hueso del talón (calcáneo) más grande y robusto, preparado para los pequeños, pero repetidos impactos, de las caminatas. Enfatizo lo de caminatas, porque al correr descalzos (como hacían estos antepasados nuestros) anterrizamos de antepié y no te talón como suele ocurrir al correr con zapatillas amortiguadas. (Más información sobre esto en el artículo: Diferencias de impacto y pisada entre correr descalzos y calzados).

Adaptaciones al calor

Los cambios que hemos visto en piernas y pies tienen un carácter principalmente biomecánico, pero ahora nos centraremos en la clave: las adaptaciones que nos permitieron andar por la sabana africana de forma más refrigerada. Digo que son clave porque ser capaces de movernos en las horas centrales del día de aquel caluroso hábitat nos ayudó a sobrevivir y no sólo eso, sino a progresar.

En la hora de la siesta es mucho menos probable que un león abandone la sombra de la acacia donde está tendido para perseguir a un humano (con mucha menos carne que una cebra). Además tenemos ventaja si nos ponemos a perseguir a una presa durante estas horas de calor…

Tamaño del cuerpo

Nos hicimos más altos para disipar mejor el calor. En los lugares más cálidos del planeta, sus habitantes tienden a ser más altos que los de hábitats más frescos a igual peso corporal. Tiene sentido, al ir caminando exponemos al sol del mediodía principalmente cabeza y hombros, pero una persona alta tiene más superficie corporal para sudar (y que ese sudor se evapore y refrigere) que uno más bajito.

Naríz

Esta es muy buena. Los Australopitecus, al igual que los simios, tienen una nariz muy achatada, totalmente plana. Pero los primeros humanos tenían una nariz como la nuestra, que sobresale de la cara. Vamos lo que es una nariz normal y corriente. Bien, pues nuestra nariz hace que el aire, después de entrar a través de los dos agujeros desde el exterior, haga un giro de 90º y después atraviese un par de válvulas antes de pasar a la cavidad nasal, a donde pasaría directamente en un simio.

Esta mini montaña rusa que tiene que hacer el aire por nuestra nariz conlleva un poco más de trabajo para los pulmones, pero hace que el aire entre contacto con las mucosas y se humidifique. Si además el aire, después de pasar por los pulmones, vuelve a salir a través de la nariz, recuperamos también esa humedad. Por eso cuando echamos vaho (aire con bastante humedad) a un cristal lo hacemos desde la boca, porque si lo hiciéramos a través de la nariz, ésta retendría gran parte de la humedad y no quedaría en vaho en el cristal.

Ventajas e inconvenientes de estar adaptados a caminar

Nos cuesta cuatro veces menos energía que a un gorila andar cualquier distancia, pero tardamos más del doble en correr la misma distancia al sprint al haber perdido la capacidad de galopar. Lo que viene siendo esprintar a cuatro patas.

Además de esta pobre velocidad punta tenemos menor capacidad de realizar giros bruscos.

Entonces, ¿no salimos perdiendo?

Si tuviéramos que huir de un león desde luego, pero en aquel momento el cambio a un clima más seco provocó un cambio en el paisaje, pasando paulatinamente de bosque a sabana, reduciendo los alimentos habituales. Esta economía a la hora de desplazarnos hizo que pudiéramos ir más lejos en busca de alimentos de segunda, principalmente almidones en forma de raíces o tubérculos. (Sí sí, he dicho almidones) En vez de fruta, mucho más fácil de masticar y más nutritiva.

Este paso, nunca mejor dicho, que acabo de comentar lo dieron los Australopitecus, pero cuando introdujimos los cambios sustanciales que he comentado fue al evolucionar a H. erectus, precisamente cuando empezamos a consumir carne, hace unos 2,6 millones de años (fuente).

Si éramos capaces de andar más que un simio, pero éramos mucho más lentos, ¿cómo fuimos capaz de sobrevivir?

No sólo fuimos capaces de sobrevivir, también de prosperar. Esto lo hicimos pasando de una dieta vegetariana a una omnívora, al incorporar la carne y demás partes del animal a nuestra dieta. Y se cree que lo hicimos porque a parte de caminar, también hemos nacido para correr. Por supuesto que estas adaptaciones para andar ayudan en la carrera, pero hay otras que son más específicas para correr.

Esto lo veremos en la segunda parte: Nacidos para correr. Antes de terminar me gustaría hacer hincapié en la importancia de que incluyas el caminar de forma intencionada en tu día a día. En el artículo 10.000 pasos al día tienes más información sobre sus beneficios y algunas ideas para incluirlo.