Saltar al contenido

Un invierno sin zapatos

Esta es una entrada diferente. No va a estar apoyada por estudios científicos sino por mi propia experiencia. No trato de animar a nadie a hacerlo. El fin es compartir las sensaciones para ver donde están los límites, no desde un punto de vista extremo rozando la congelación ni nada por el estilo, sino más bien de comodidad y de capacidad de adaptación de nuestros pies.

¿Qué es esto de un invierno sin zapatillas?

Se trata de pasar el mayor tiempo posible sin cubrir los pies. Esto fue la mayor parte de la semana. Los únicos momentos en los que usaba un calzado que me cubría los pies, botas en este caso, era cuando estaba trabajando. Lo primero es lo primero, sería idiota si fuera ir a apagar un fuego o cualquier otro tipo de intervención habitual descalzo 🙂

Salvo esos días y en otra ocasión concreta, que luego comentaré, el único calzado que he utilizado han sido unas sandalias. En concreto unas Enix de suela de 5 mm que son las que estoy gastando ahora, no por nada en particular.

Esto en lo referente al calzado, pero en casa y cuando salía al campo, casi a diario a dar una vuelta con los perros iba descalzo. También cuando iba lo hacía sin nada en los pies. Para andar por el pueblo o por la ciudad aún no he superado la barrera de la vergüenza que me permita ir descalzo 🙂

El frío: enemigo número uno

Superada la vergüenza, el frío es el mayor, y diría que el único, problema. Es curioso como al principio los vecinos te miran extrañados y con el paso de las semanas tus sandalias pasan a formar parte de la normalidad 🙂

Lo bueno del frío es que va llegando poco a poco. Desde el verano ya me quedé en sandalias y durante el otoño los pies fueron aclimatándose a las nuevas temperaturas. Hubo bastantes días con temperaturas bajo cero. Vivo en un pueblo de Guadalajara a más de 700 m de altitud. No es que sea un sitio extremo, pero no tenemos las temperaturas suaves de una zona costera.

Disfrutando a primeros de marzo de la primera prueba con categoría descalzo en Madrid.

Decir que en casa en ningún momento tuve sensación de frío en los pies aunque éstos estuvieran fríos. Y saliendo a correr desde casa tampoco tuve ningún problema. Los peores días salía pisando escarcha y al ir corriendo con la alta frecuencia que conlleva, no da tiempo a que se enfríen los pies.

Los momentos más habituales son el día a día con sandalias. Ir de aquí para allá andando por la calle a tu paso, al paso de un niño o quedarte quieto un buen rato (la mejor situación para quedarte frío).

Niveles de frío y comodidad

Voy a separar un poco los rangos de temperaturas y la comodidad para que os hagáis una idea más real de las sensaciones.

Por encima de 10º C

Aquí no hay ningún problema desde el principio en este rango de temperatura no sentía frío en los pies

De 5 a 10º C

En la primera parte del invierno me suponía cierta incomodidad, pero ya hacia el final, habiendo superado temperaturas más frías no había malas sensaciones tampoco en este rango de temperatura.

Como dato curioso decir que viendo la Cabalgata de los Reyes Magos estuve una hora y pico de pie a unos 5º C y sólo experimenté cierta incomodidad, eso sí las caras de la gente eran un poema.

De 0 a 5º C

La cosa se empieza a poner seria. En este rango de temperatura andando por la calle se va incómodo. Si te quedas parado pues más aún. Los pies se ponen ligeramente rojos buscando mandar sangre para calentarlos. Creo que es en estos momentos cuando se generan  las mayores adaptaciones al frío.

Por debajo de 0º C

Aquí ya estamos jugando con fuego. El día que más frío pasé fue uno que al salir de casa el termómetro marcaba – 8º C. Fuí a llevar las peques al cole y luego a hacer algunos recados andando. Me costó casi una hora dejar de sentir frío en los pies y realmente lo pasé un poco mal. Tenía unos calcetines gordos (los FYF) en la mochila por si acaso, pero luego la temperatura fue subiendo y mejoró la cosa.

Si hubiera habido varios días así es probable que me hubiera puesto calzado. La idea del experimento era buscar los límites en cuanto a comodidad, no sufrir como un perro.

Calzado para un por si acaso

En la zona donde trabajo se alcanzan las temperaturas más bajas de España (he llegado a ver -17º C aunque hay registros de -28). Siempre que iba en el coche llevaba los calcetines gordos que os comenté antes. Si el coche se estropea y la grúa tarda en llegar puede ser problemático.

A parte en los días que había nieve también llevaba una botas de montaña en el coche.

Cuando me llevé botas por si acaso y las usé

Uno de los día del invierno fui con unos amigos a subir un pico de más de 2000 metros de altura (Cabeza de Hierro Mayor) en la sierra de Guadarrama, por cierto, ¡qué preciosidad! En principio salí descalzo porque no hacía mucho frío e iba sin problema, pero al estar en un collado cerca de la cumbre se cerró la niebla con una ventisca de la leche y una sensación térmica muy muy baja. Decir que llevaba las piernas heladas a pesar de llevar pantalones de nieve. Automáticamente me puse las botas.

Una cosa es probar qué tal se va descalzo en invierno y otra muy distinta ponerte (y poner a los que van contigo) en peligro. Si ese día no llevo las botas y nos perdemos con la niebla hubiéramos tenido un problema gordo. En la montaña nada de juegos.

Al bajar ya estábamos en una zona más resguarda y pude ir de nuevo descalzo sin ningún problema.

Cuento esta batallita porque en situaciones de este tipo la línea que separa el ir descalzo con la temeridad es muy fina y puedes tener un problema gordo. Si ese día no llevo botas y nos perdemos la hubiéramos tenido. Meterse en montaña sin suficiente protección tiene sus riesgos y tenemos que conocer nuestras capacidades, nuestras limitaciones y contar con la meteorología. Sí, Kilian sube ochomiles en zapatillas, pero es un extraterrestre.

El aislamiento térmico que ofrecen las sandalias

Esto de que las sandalias aíslan parece una chorrada. Pero en los días que después de llevar las peques al cole, me descalzaba y me iba a dar un paseo con los perros, no lo era para nada. No veas si se nota que ibas aislado del suelo cuando te descalzas  y vas pisando escarcha en los días más fríos.

Sensación parecida a las manos

Cuando ya estaba bien entrado el invierno la sensación de frío, cuando la había, era muy muy similar en las manos y en los pies. En esos días en que se te quedan las manos frías, los pies correrán una suerte parecida.

Como curiosidad decir que los días que más frío hacía, lo sentía más en los muslos que en los pies.

Conclusión

Según mi experiencia, creo que es perfectamente posible ir en sandalias en invierno. Los pies se van adaptando poco a poco. Una vez adaptados no se pasa frío en temperaturas por encima de 5º C. Por debajo de 0º C la cosa se pone fea y si vas a estar mucho tiempo expuesto a esas temperaturas lleva un calzado que te pueda proteger o puede ser peligroso.

Con este experimento no trato de recomendar el ir descalzo o en sandalias en invierno, simplemente dejar mi experiencia por si a alguien le apetece probar y quiere tener una ligera idea de lo que se va a encontrar. A mí me ha encantado y pienso repetir.

Si quieres empezar con buen pie en esto del minimalismo, quizá te interese el Curso de Minimalismo Básico, donde aprenderás cómo incorporar el minimalismo poco a poco en tu día a día para fortalecer tus pies de forma segura. También tienes el Curso de Fabricación de Huaraches para aprender a fabricarte tus propias sandalias con suela Vibram (a unos 3€ el par).