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95. Alimentación primitiva VS alimentación moderna (del libro de Weston A. Price)

En los años 30, el dentista Weston A. Price recorrió el mundo en busca de grupos de población aislados de la civilización. Estos grupos mantenían su alimentación primitiva, lejos de azúcares y harinas refinadas. El motivo de este proyecto fue ir en busca de algo que estas gentes recibían en su alimentación que los hacía prácticamente inmunes a las caries y otros problemas dentales como dientes muy apiñados.

Todo este trabajo fue recogido en el libro Nutrition and Physical Degeneration (lo podéis descargar de forma gratuita). Aunque en principio pueda parecer sólo relevante para la salud bucal, es un auténtico tesoro en cuanto a alimentación evolutiva. En este artículo sólo recogeré algunas de las ideas generales que me parecen clave para entender algo mejor un tema tan complicado como es la alimentación.

¿Por qué es tan importante para mí este libro?

El trabajo de Price supone un cambio de paradigma en cuanto a una visión demasiado simplista de una alimentación paleo, es decir, la que excluye lácteos y cereales. A lo largo de su viaje, Price encontró grupos de población libres de enfermedades degenerativas con una alimentación basada casi en su totalidad en cereales y lácteos. No quiero decir que lo Paleo sea malo, a parte de ser una marca registrada, tiene gran cantidad de interpretaciones, sólo digo que no nos quedemos con la visión más simplista.

Es verdad que no es un estudio tan exhaustivo como hizo Staffan Lindeberg en Kitava, pero su trabajo apunta a que el problema no parece estar en lácteos y cereales, si no más bien en su procedencia. Por ello, cuando hablé del punto de vista evolutivo en el entrenamiento y en la alimentación, ponía como ejemplo que prefiero un queso de cabra hecho por el pastor del pueblo, aunque sea un lácteo, que un embutido que compro en el supermercado. Aunque el queso sea un lácteo, su procedencia es más primitiva y, desde mi punto de vista, más paleo (si queremos ponerle etiqueta).

¿Por qué buscar sabiduría de las gentes primitivas?

La gran mayoría de estudios sobre alimentación son observacionales. Estos estudios arrojan una evidencia muy pobre, que no permite establecer causalidad. Es decir, que comer mucho de algo parece estar relacionado con X enfermedad pero no podemos decir que sea su causa. A pesar de esto, muchas de las recomendaciones oficiales se basan en esta pobre evidencia (hay algunas que ni eso).

Con un estudio de intervención sí podemos establecer causalidad. Es aquel en el que se eligen dos grupos y a uno se le da un tipo de alimentación y al otro otra (todo esto simplificando al máximo). Este tipo de estudios son muy costosos y a largo plazo muy muy difíciles de llevar a cabo, dile a una persona que tiene que estar 20 años comiendo de una determinada manera…

Pero podemos darle la vuelta al asunto y estudiar un grupo fuera de cualquier estudio, que debido a sus condiciones de aislamiento sólo tiene acceso a un determinado grupo de alimentos. De esta forma estudiando a grupos con un estilo de vida y alimentación primitiva, y comparándolos con nosotros mismos, o mejor aún con gente lo más cercana genéticamente que ya no siguen este tipo de alimentación, podemos obtener información, desde mi punto de vista, mayor evidencia que con los estudios observacionales.

Pues bien, Price hizo exactamente eso. Buscó grupos de población aislados a lo largo y ancho de todo el mundo y lo comparó con sus vecinos que se habían marchado a la ciudad. Tengo que decir que los resultados son escandalosos. No voy a entrar en detalle en el aspecto dental del asunto, pero al menos veremos las dos grandes diferencias.

Una alimentación primitiva: sin caries, ni ortodoncias

Price encontró poquísimas caries en estos grupos de población y una asombrosa diferencia con esos mismos pueblos una vez que hubieron adoptado una alimentación moderna. Otra característica muy interesante es la perfecta colocación de los dientes de estas personas, que se iba al traste en la siguiente generación una vez adoptada la alimentación moderna.

Es curioso que si una pareja tenía hijos durante su época en la que se alimentaban con su dieta primitiva, éstos nacían con los dientes bien colocados. En cambio, los hijos que tenían después de haber adoptado una alimentación occidental, tenían muchísimas papeletas de tener paladares más estrechos y dientes apiñados.

Dejando a un lado la parte dental, veamos algunos ejemplos de grupos de población y luego algunas ideas importantes del libro.

Esquimales y tuberculosis

Hace tiempo, cuando hablé de La alimentación de los Inuit comenté que la principal causa de muerte entre ellos era la tuberculosis. En la época que Price les visitó era una auténtica plaga que amenazaba con extinguir su raza. Curiosamente la incidencia de esta enfermedad estaba relacionada con el desplazamiento de su dieta habitual por el consumo de alimentos modernos. Muchos de ellos se curaban de la tuberculosis tras volver a su aldea natal y alimentarse con su comida habitual.

Suizos: cereales y lácteos

Este caso es muy significativo, ya que choca de frente con una visión paleo estricta. La alimentación de los habitantes del Valle Loetschental, en particular la de los niños que estaban en edad de crecimiento, consistía principalmente en una rebanada de pan de centeno integral y un trozo de queso hecho en verano (tan grande como la rebanada de pan), que se comían con leche fresca de cabra o vaca. Comen carne alrededor de una vez a la semana. Y con los restos de esa carne (de oveja) hacían caldo. Estos suizos sólo consumía verduras en verano.

Un detalle gracioso es que los suizos que vivían en aquellos valles perdidos tenían una perfecta salud dental a pesar de no haber visto un cepillo de dientes en toda su vida. Sus vecinos de la ciudad, con dientes bien cepillados, tenían gran parte de sus dientes afectados por caries.

Sin poblaciones ancestrales vegetarianas

Price se sintió un poco decepcionado, ya que quería encontrar algún pueblo que fuera capaz de subsistir sólo con alimentos vegetales. No encontró ninguna población de este tipo. En Fiyi, una de las islas más grandes del Pacifico, estuvo buscando habitantes que sólo vivieran de la comida que proporcionara la tierra, nada del mar. El guía le dijo que siempre había sido algo esencial para la gente del interior obtener algo de comida del mar y que incluso en los tiempos de la guerra más dura entre las tribus de las montañas y de la costa, durante la noche, los de las montañas depositaban en canastos plantas y recogían productos del mar de sus oponentes. El propio guía le comentaba que él mismo necesita productos del mar al menos cada tres meses.

Este tipo de población me recuerda mucho a los Tukisenta. Un pueblo con una alimentación al estilo Kitava pero sin pescado. Comían cerdo en muy contadas ocasiones y su fuente principal de proteínas eran los insectos.

Vamos a ver ahora algunas de las ideas que considero más importantes.

Sólo entendemos de calorías

Nuestro cuerpo sólo sabe de calorías, sólo percibimos el hambre de éstas. Necesitamos energía para movernos, calentarnos… para vivir. Las poblaciones primitivas sabían qué alimentos tomar para determinadas carencias o estados de especial necesidad (maternidad, crecimiento…), pero a parte de eso, tenían pocos alimentos disponibles altos en calorías y pobres nutricionalmente.

Mucho más rico en micronutrientes

Todas las poblaciones que estudió tomaban en su alimentación al menos cuatro veces más minerales que las cantidades diarias recomendadas. Según Price esto les mantenía libres de caries y otras enfermedades degenerativas. En cambio, la alimentación occidental habitual (de aquella época) consistía principalmente en productos hechos con harina no integral, azúcar, arroz, mermeladas, alimentos enlatados y grasas vegetales que era nutricionalmente pobre y calóricamente densa.

Este es el patrón de alimentación contrario a una dieta primitiva, donde los micronutrientes van de la mano de las calorías. Esto hacía que, en algunos casos (por ejemplo verduras) tuvieran que tomar gran cantidad de alimento para poder suplir sus necesidades calóricas. Incluyendo por el camino gran cantidad de minerales y vitaminas de vital importancia.

Más remarcable aún es el tema de las vitaminas. Tomaban muchas más vitaminas hidrosolubles y, al menos, diez veces más vitaminas liposolubles que las recomendadas oficialmente. Estas vitaminas las obtenían principalmente de los órganos de los animales. Priorizaban su consumo frente a la carne de músculo (si quieres ampliar información sobre este tema en concreto echa un vistazo al artículo El alimento con mayor contenido de vitamina C). En el caso de los que consumían menos carne obtenían estas valiosas vitaminas de los lácteos, siendo la mantequilla la reina en este aspecto.

El ejemplo del niño que tomaba leche desnatada

Hay un caso de estudio que expone Price, de un niño de cuatro años con una salud muy precaria que se alimentaba casi exclusivamente de pan blanco y leche desnatada. Este niño sufría convulsiones y fruto de ellas tenía una fractura en el fémur que no curó en 60 días. En cambio, a los 30 días habiendo cambiado la leche desnatada por leche entera; el pan blanco por pan integral de harina recién molida (mucha menos pérdida de vitamina B y E) y una cucharadita de mantequilla en cada comida, curó en 30 días y la salud y la apariencia del niño mejoró notablemente.

Price argumenta que necesitamos activadores (vitaminas liposolubles) que hagan que podamos asimilar los minerales, por eso de nada servía la leche desnatada. Por eso, por muy enriquecida con calcio y con vitaminas que sea una leche desnatada, dudo que nuestro cuerpo sea capaz de asimilarlo de igual manera que la que se encuentra de forma natural en la leche entera.

Reflexión final

La cantidad de información y de tipos de alimentación que hay en el libro es demasiado grande para un artículo (o incluso para diez). Mi intención ha sido dar una idea general. Para terminar quiero dejar un vídeo del propio Price que resume muy bien su trabajo.


Al principio del vídeo pregunta la edad a un chico y a un hombre, dándole palmadas en el pecho como diciendo «Estás más fuerte que el vinagre«. Luego, cuando se dirige a la cámara lanza su mensaje:

La enfermedad más universal en el mundo son las caries y desafortunadamente no hemos conocido la causa hasta que no hemos acudido a las gentes primitivas para encontrar cómo previenen la caries. Nuestro problema es que estamos añadiendo demasiadas harinas refinadas y azúcar y no consumiendo suficientes alimentos que contienen minerales y vitaminas. Cuando estas gentes adoptan los alimentos modernos de nuestra civilización sus dientes son atacados por las caries como los nuestros. He pasado varios años estudiando las gentes primitivas en diferentes partes del mundo y he venido como un misionero de ellos a la gente de la civilización moderna. Y os ruego que aprendáis de su sabiduría acumulada, y si lo hacéis, vosotros también podéis tener cuerpos fuertes y saludables sin tantas enfermedades como las que sufrimos en estos días.

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